Desde que tengo uso de razón, los cumpleaños en mi hogar se festejaban con un suculento almuerzo: El plato principal era el Pato en ají con fréjoles, más tarde este potaje tradicional se conocería como Pato a la Huaralina.
He aquí mi historia:
La casa en que vivía era muy grande y la familia muy numerosa y para cualquier cumpleaños, (mayormente de un adulto) la fiesta empezaba muy de mañana. Las mamás y la abuela, se levantaban muy temprano y colocan enormes ollas de agua en los fogones del corral, mientras unas tías se encargaban de sacrificar a los patos. (Previamente para esta ocasión los patos habían sido alimentados solamente de maíz, según decían para que su carne esté amarillita).
Cuando el agua empezaba a hervir los patos se sumergían de rato en rato y se empezaba a pelarlos.
Una vez que los patos estaban limpios y trozados, se les echaba en unas enormes ollas que ya se encontraban en el fogón, mientras mas allá una tía, picaba la cebolla, otra molía en un batan el ají amarillo y rojo y los niños nos encargábamos de juntar los troncos de naranjos y guarangos y de atizar la candela.
He aquí mi historia:
La casa en que vivía era muy grande y la familia muy numerosa y para cualquier cumpleaños, (mayormente de un adulto) la fiesta empezaba muy de mañana. Las mamás y la abuela, se levantaban muy temprano y colocan enormes ollas de agua en los fogones del corral, mientras unas tías se encargaban de sacrificar a los patos. (Previamente para esta ocasión los patos habían sido alimentados solamente de maíz, según decían para que su carne esté amarillita).
Cuando el agua empezaba a hervir los patos se sumergían de rato en rato y se empezaba a pelarlos.
Una vez que los patos estaban limpios y trozados, se les echaba en unas enormes ollas que ya se encontraban en el fogón, mientras mas allá una tía, picaba la cebolla, otra molía en un batan el ají amarillo y rojo y los niños nos encargábamos de juntar los troncos de naranjos y guarangos y de atizar la candela.
Pato a la Huaralina (foto cortesia El Ocho de Huaral)
-Cada cierto tiempo se le echaba uno que otro tronquito de leña al fogón-.
Faltando pocos minutos para sacar el pato del fogón, la abuela metía en la olla un atadito de yerbas aromáticas decía ella que estas yerbitas eran las que le daban el olor característico al pato.
Al momento de servir , cada niño y adulto comíamos por igual, el plato consistía en una presa de pato, arroz graneado, fréjol y una yuca al costado.
Algunos como yo, preferíamos las menudencias,-la mollejita, el pescuezo y las patitas y si me daban el ala mucho mejor.
los niños acompañabamos este plato con chicha de maíz morado y los adultos con un vino tinto seco.